Miedo de haberte equivocado, pero tienes más miedo de tener que hacer algo para enmendarlo.

Miedo de que los demás sean libres de escoger si viven o no para ti… porque ya sospechas que no quieren.

Miedo a reconocer que te timaron. Miedo a no poder estafar a los demás para que cubran la factura del timo, porque tú lo vales y esto no puede quedar así, porque te han engañado y todos tenemos que esforzarnos para garantizar que recibas lo que no te dio el estafador, como un seguro que tenemos la obligación de cubrir aunque nunca cobramos la cuota.

Miedo a que descubran que, aunque no seas poderoso, aunque no seas rico, no eres bueno. Miedo a que dejen de señalar a los malos poderosos y se den cuenta de que tú no eres el bueno de la película, sino uno más de los esbirros del villano. Miedo a que descubran que eres la víctima de unos pocos que se siente con derecho a ser verdugo de los demás.

Miedo a dejar de poseer esclavos, es lo que tienes. Y miedo a sojuzgarlos tú, y miedo a hacerte responsable de lo que exiges de otros.

Miedo de que todos se den cuenta de que un tornero fresador es más importante para ellos que tu profundísimo conocimiento del alma humana. Miedo a reconocer que empleaste tantos, tantos miles de horas en algo tan valioso como cualquier frikada, pero mucho menos divertido.

Miedo de descubrir que fuiste a lo fácil, y que no te importa, prefieres seguir comportándote de forma cobarde con otros cobardes antes que aceptar la responsabilidad.