El argumento no es muy allá. Vivía en una casa rentada en Francia, en algún lugar, una casa estrecha de tres pisos, todo muy francés, salvo por que, como no hablo francés, estaba mal doblada.

Al salir, unos cinco adolescentes (tres chicos y dos chicas) bastante normalitos pero muy confundidos, debieron pensar que el guiri se había ido para más tiempo (puede que soliese hacerlo, no lo sé), y ocupan mi casa para tomarse unas cervezas e indagar en la vida de otros. Pero claro, vuelvo. No se me hace difícil reducirlos, y, como no precisaba la cosa de coherencia de guión, termino estableciendo una tensa relación de amistad con ellos. Incluso asisto posteriormente a una de sus peleas de gallos, esas competiciones raperas tan majas. Esta parte no estaba doblada, así que no los entendía, y, probablemente, tampoco estuviesen cantando en francés, a no ser que Chomsky tuviera en mi sueño más razón de la que tiene en la realidad.

Curiosamente, debería haber habido en mi sueño una etapa de enamoramiento con la jovencísima chica que aparece posteriormente. Pero no. De forma absurdamente trágica, el sueño continúa tras el romance con los problemas derivados de quedarse embarazada. Hay música de peli francesa en esos momentos y todo pasa muy lento y hay partes del sueño que no entiendo porque no están hablando conmigo, así que supongo que en este momento pasa de ser una peli francesa doblada a ser una peli sobre un español en Francia.

Ahi se acaba. Menos mal que he convertido en sana costumbre, cuando un sueño anda mal y no me deja satisfecho, reconstruirlo y pensar un desenlace exitoso o agradable a posteriori. Así, cuando lo cuento, no me hago mala sangre.

– ¿Está permitido en este blog hacerse autoterapia?
– No lo sé. De momento nadie me ha prohibido nada.
– ¿Cómo era la chiquilla?
– Se parecía mucho a esta. Aunque no la recuerdo bien, y probablemente es que me gustan chulescas y aún me gustan protestonas, y una cría guapa con la cara pintada ha generado una famliaridad falsa.
– Vaya nochecita.
– Pues sí.

francesa