Es más fácil engañar a alquien que convencerlo de que ha sido engañado.

Mark Twain (según dicen)

 

Todos queremos pensar que somos inteligentes, racionales, cultos, etc. Que nosotros decidimos con conocimiento de causa y es difícil engañarnos. De hecho, en todo ello, todo el mundo piensa que está por encima de la media. Sin embargo, la gente (los demás, por supuesto) cae en engaños a cada segundo. Y absolutamente ninguno de ellos lo hace voluntariamente, claro. Si lo hiciese no serían engaños. Esto lo saben de maravilla quienes se dedican a timarnos y hacernos caer en pensamientos perezosos. Lo saben de maravilla quienes aprovechan nuestra ansia de conocer la Gran Verdad que a todos los demás se les escapa.

Y el problema más grave no es que te engañen, sino que seas incapaz por siempre jamás de escapar del engaño por pura pereza y soberbia, por ese inevitable natural pinchazo de vergüenza que llega cuando nos damos cuenta de que nos han hecho (y aquí me contengo para no enlazar nada concreto) creer sandeces, defender vilezas y sostener engaños deliberados e interesados.

A mí me han engañado otros, y me he engañado yo, cantidad de veces. Ahora mismo puedo estar manteniendo errores, imprecisiones, mentiras y pensamientos vagos. Lo que puedo decir en mi favor es que desde hace años trato de estar en alerta y duda continuas y le he cogido el gusto a decir “Tienes razón”, con la inmediata y maravillosa sensación que ello produce de haber aprendido algo. Intento estar en guardia contra mis propios sesgos cognitivos y las falacias lógicas propias y ajenas, para reducir en la medida de lo posible la incertidumbre y que los pasos sean algo más firmes cada día. Aún así, la cagaré cien veces. Pero (¿aquí viene la soberbia?) hay muchos que la cagarán sólo dos veces (manteniendo su cagada imperturbable de por vida) y quienes lo harán cien mil con la misma violencia. En muchas personas reconozco mis propios tropiezos anteriores y, como es lógico, los considero más errados que yo mismo.

Esto viene a que mis distintos entornos (artes marciales, movimientos sociales, escepticismo activo, “hackerismo”, relaciones comerciales, etc) hay mucha gente con una genuína intención de mirar más allá de lo que les parece obvio y aprender. Sin embargo, ese impulso se muestra a veces desastroso si no se está en guardia contra uno mismo y los demás, pues es un terreno abonado en el que, una vez algo arraiga, resulta imposible de arrancar para plantar algo mejor. Porque sí, hay mentiras más gordas que otras, cosas sensatas e insensatas, engaños muy bonitos y fáciles que sólo sirven para el beneficio de unos cuantos. Y si A Tí No Te Engaña Nadie es muy probable que la primera y deslumbrantemente Verdadera Mierda Con Lazos que te pongan por delante se te quede en el zapato de por vida. Apestando a los demás.

Consejo: cada día, al llegar a casa, revisa la suela de tus zapatos y recuerda el camino hecho.

P.S.: Los capitalistas inventaron la guerra y el gluten.